Finalmente se complicó el virus de nuestra hija y comenzó con una bronconeumonia. Se detectó muy tempranamente, así que estamos optimistas. Pero hospitalizados desde ayer viernes. Parecía bastante increíble que una niña que nació prematura y vive en la contaminada ciudad de Santiago fuese a cumplir 3 años sin haber sido hospitalizada o presentar dificultad respiratoria en algún momento. Cumplimos casi tres años desde su hospitalización anterior, periodo que para algunos es conocido como nacimiento. Ella nació prematura y pasó 29 días hospitalizada en la unidad de neonatología. Nuestro primer mes como padres en realidad eramos visitas: continuamos durmiendo toda la noche solos en nuestra casa, nos levantábamos tarde y con relativa calma y bien peinados, alimentados y vestidos íbamos donde pernoctaba nuestra muy pequeña hija, sin tener mucho conocimiento de la situación, sin estar realmente a cargo de ella... sin mudarla, dormirla, amamantarla, vestirla, regalonearla...
La experiencia no me pareció traumática, especialmente porque diagnosticaron el daño cerebral el último día, cuando la dieron de alta (vaya mezcla de emociones), así que ese mes lo recodaba como el último mes de calma e inocencia de nuestras vidas. Pero ayer cuando el pediatra me dice 'se queda acá' sentí una angustia terrible, se me juntaban los recuerdos con el susto puntual de no saber en ese momento por qué estaba tan mal mi hija. Volver a recorrer los pasillos que conocemos de memoria, recordar cómo funciona todo en la clínica... Todo se vino a mi cabeza tan fuertemente, que incluso cuando llamo a mi marido me lo imagino en la casa en la que vivíamos cuando nació nuestra hija.
Hoy está mejor. Luego de varios días de solo afiebrarse, llorar y querer dormir pero toser, comienza a animarse un poco. Sin duda que estamos cansados, pero sacamos fuerzas porque sabemos que nuestra hija nos necesita y que somos significativos para su recuperación. Esa es la 'maternidad' que aun no sentía en la hospitalización anterior, entender que no solo necesita cuidados sino también cariños, que no es que uno haga mejor las cosas que los demás, no es que yo mágicamente le pueda dar comida o sepa qué la calma: simplemente soy su mamá y eso hace toda la diferencia.
Hoy está mejor. Luego de varios días de solo afiebrarse, llorar y querer dormir pero toser, comienza a animarse un poco. Sin duda que estamos cansados, pero sacamos fuerzas porque sabemos que nuestra hija nos necesita y que somos significativos para su recuperación. Esa es la 'maternidad' que aun no sentía en la hospitalización anterior, entender que no solo necesita cuidados sino también cariños, que no es que uno haga mejor las cosas que los demás, no es que yo mágicamente le pueda dar comida o sepa qué la calma: simplemente soy su mamá y eso hace toda la diferencia.

