un fuego incontrolable
un vendaval desatado
una ola descomunal
naturalmente
trae problemas
la mediocridad no trae problemas
se está cómodo bajo el alero invulnerable
de la cobardía
cuando se siente de veras
cuando se posee un mundo propio
como el de ella
los problemas son fuertes
como fuerte es el alma, el corazón
Sé que a muchos no le gustan estas reflexiones de fin de año, pero no puedo evitarlas ya que este año se las merece. Fue un año muy pero muy intenso, no creo que nadie tenga dudas al respecto. Sucedieron muchas cosas y varias de ellas fueron un poco extremas, sucedieron cosas grandiosas y también cosas malas. No diría que terribles, pues hoy estamos
todos juntos y con buena salud, aunque nuestra enana aun se esté recuperando. Tal vez lo más grandioso es que
de esas cosas malas, surgieron otras maravillosas y por eso no puedo encontrarlas terribles. Así como tampoco puedo decir que ese año fue malo, porque todo lo negativo supimos transformarlo en positivo y hoy nuestras vidas son mejores gracias a los problemas que tuvimos y enfrentamos juntos. Así, califico este año de maravilloso, un gran año en nuestras vidas.
El 2008 comenzó con nuestro
primer entrenamiento de ABR, entonces todo cambiaría para siempre y para tantísimo mejor. Decir que hay un antes y un después de este entrenamiento es poco, porque todo cambió radicalmente. Desde entonces
nuestra vida es otra, mi familia es otra, mi hija es otra. Somos seres muy distintos gracias a esta terapia que de casualidad llegó a nuestras vidas. Lo he dicho mil veces y lo diré mil más: amo ABR. Definitivamente el 2008 será recordado como el año que empezamos esta terapia, es una de las mejores cosas que nos podría haber pasado y solo por eso yo ya podría decir que este año fue maravilloso.
ABR ha llenado este año de
alegrías, logros, cambios y esperanza. También ha sido causa de mucha tranquilidad, la que ha sido de gran ayuda para no enloquecer este año. No me imagino qué habría sido de nosotros si lo que vivimos en los últimos meses hubiera sido rodeados de profesionales diciéndonos qué hacer, apurándonos para retomar ejercicios, asustándonos con daños permanentes... De hecho, un doctor tuvo la brillante idea de intentar mortificarnos mientras nuestra hija aun estaba en coma. Nunca más le hablamos,
nuestra vida ya no gira en torno al miedo ni mucho menos en torno a las pesimistas opiniones de muchos profesionales.
Esa es otra cosa maravillosa que ocurrió este año: este año realmente
nos hicimos cargo de la rehabilitación de nuestra hija. Siempre habíamos estado comprometidos, entusiasmados y muy colaboradores y participativos, pero no es lo mismo. Antes era más 'obediencia' que otra cosa. Siento que este año encontramos tratamientos excelentes para nuestra hija y con todo nuestro entusiasmo y decisión los llevamos a cabo rápidamente, pues estábamos seguros de que eran las mejores opciones,
nosotros mismos las elegimos. Esa 'obediencia' se transformó derepente en 'desobediencia', pero ese no es mi problema.
No porque cierto tratamiento sea el más común, el utilizado por más años o el más aceptado va a ser el mejor. Aunque suene obvio, la lección de este año es que lo popular no necesariamente es lo mejor.
Todas estas cosas me hacen tremendamente feliz.
Me hace feliz ver a mi hija mejorar, me hace feliz poder darle los mejores tratamientos y me hace feliz sentir que todo eso es posible gracias a que yo soy yo. Y aquí es donde viene la reflexión personal y egocéntrica de este post... Este año siento mi vida adquirió coherencia. Siento que todo
lo que he hecho cobró sentido y se ha unificado con lo que hago hoy, ser quien soy me ha permitido encontrar soluciones a los problemas que hemos enfrentado. Siento que he vuelto a ser yo. Esta coherencia significa tranquilidad, felicidad, orgullo y seguridad. ¿Será eso madurar?
Este año me reencontré con mis 'raíces', con quien siento soy
yo. Volví a
sentirme una adolescente, llena de idealismo, rebeldía y desafiante de la autoridad. Retomé y utilicé las cualidades que he cultivado de una u otra manera desde la adolescencia, cualidades que hoy agradezco enormemente tener y que me parecen indispensables: ser crítica, incorformista, un poco inocente e idealista. Hoy agradezco haber crecido leyendo a los
maestros de la sospecha, porque me declaro una discípula de la sospecha y a mucha honra! Porque si bien es desde otra perspectiva, también lucho contra ese racionalismo anticuado. Agradezco haber continuado mis lecturas
en
la
cultura Beat, porque de ellos aprendí que existen versiones muy diversas de la realidad y la importancia de expresar las ideas y sentimientos propios, aunque esto signifique que te
expulsen de las academias por loco, como aullaría
Ginsberg. Como mi adolescencia, esta etapa ha estado
llena de ideas, de lecturas revolucionarias, de locuras...También agradezco haber terminado de casualidad estudiando
Letras, porque lo que he aprendido ahí si bien no tienen casi ningún valor comercial, es invaluable a nivel pesonal. Una formación de ciencias sociales ayuda a avanzar en el camino hacia
una apertura de mente,
apreciar la diversidad, cultivar tolerancia y sensibilidad y permite
encontrar imposible la idea de una verdad absoluta. Por sobre todo agradezco haber hecho el magíster en lingüística, que me ha ayudado a entender tantas cosas. Primero, por la
inconmensurable ayuda de Kuhn para comprender nuestro cambio de paradigma y también la relatividad de nuestras visiones y segundo porque toda la formación en teoría de la investigación fue muy enriquecedora y me permite hoy
no tomarme tan en serio la frase 'científicamente comprobado'. Y esta sospecha abre puertas, ventanas y pasadizos secretos, permite ir más allá, imaginarse cosas distintas y mejores... Algo fundamental para nuestras historias de vida.
Ayer una amiga me preguntó:
¿pero no te cansas? Claro que sí! Todos los días me agoto y muchas veces me levanto ya cansada. Pero eso es solo cansancio físico y nada más. Mi hija es un motor muy importante, que nos mueve a hacer todos nuestros esfuerzos sin preocuparnos de límites ni cansancio, con energía y amor tremendos y aplastantes. Eso también me hace sentir adolescente, siento que volví a a ser la '
vieja de fuego' como un día un amigo poeta me describiría hace más de una década, ese fuego que junto con una mente laberíntica destacaría otro amigo cuyos versos introducen este post. He vuelto a vivir con entusiasmo, energía, convicciones, ideales, sin miedos... Con rabia cuando se necesita y con calma cuando se puede. He vuelto a
vivir intensamente y eso me agrada mucho.
Con todas estas cosas, ¿cómo no creer que fue un año maravilloso y que
soy una mujer muy afortunada y feliz? Estoy rodeada de mucha
gente maravillosa que me quiere y me llena de energías positivas, ya sea física o virtualmente. Además y por sobre todo tengo
una familia maravillosa que me encanta y me hace muy feliz. Por fin después de muchos años me siento feliz y orgullosa de ser quien soy y hacer lo que hago. Eso es un gran logro personal!