El último post con el video de la torre, me hizo reflexionar sobre algunos temas. ¿Vieron algo particular en los comentarios? Tal vez ya estamos acostumbrados, pero siento que antes no era así... El centro de los comentarios fue su risa, lo feliz que es Rocío botando la torre. Su risa sin duda se 'toma' el video y después de eso, ya a nadie le importa que así 'no se juega a la torre'. Así como a nadie le importa tampoco que todavía babee o saque la lengua en el momento de dar el golpe (antes habría sido todo el tiempo...) o que sus brazos no se muevan con tanta precisión.
Es que sin duda muchos aquí ya hemos aprendido varias lecciones importantes y en este video salen a flote algunas. Por ejemplo, que la simpleza de un juguete no tiene relación con toda la diversión que puede traer. Este juguete y en particular este juego con su tía Lore, ha sido su favorito desde que llegó a nuestras vidas, si mal no recuerdo en la navidad de 2006. Claro que antes no se reía con esa risita de malula... Esa risa rica comenzó a hacerla hace poco, pero la torre siempre ha sido su fascinación y tenemos muchas historias sobre ella (tal vez se gane un post dedicado próximamente).

Sin embargo, ¿qué creen ustedes que yo pensé la primera vez que vi la torre? Posiblemente algo como: "qué linda, pero a quien se le ocurre regalarle esto cuando ella no tiene la habilidad motora para coger las partes y armar la torre??!?!?!!". Se imaginan esa frase, cierto? La han dicho ustedes más de una vez? Yo no puedo afirmar que nunca más lo pensé, pero las ocasiones han sido muchísimas menos...

No se trata de que las habilidades de Rocío hayan mejorado notablemente y pueda comprarle un juguete que diga +3 ó +5. No no no, la mayoría me parece todavía dificilísimos. Lo que ocurrió es que precisamente con esta torre y con el argollero también de la línea Cotoons, Rocío me enseñó que habían muchas formas de usar los juguetes. Que cuando hablamos de 'adaptarnos' a nuestra realidad, se trata de adaptarnos en todos los niveles, en todas nuestras expectativas. ¡Para jugar no hay reglas!
¿Se imaginan si yo la retara cada vez que la bota y la obligara a jugar 'como corresponde'? ¡Qué frustración que sería para ella y qué agotamiento sería para mí! Por sobre todo, ¡de lo que nos estaríamos perdiendo!! Me encanta haber aprendido esto y me atrevo a decir que representa nuestro enfoque en muchos sentidos, como la terapia, pues por algo elegimos una terapia que no nos obligaba a forzarla a hacer cosas que ella físicamente no estaba capacitada para hacer. He estado pensando mucho sobre este tema últimamente, cada día me parece más importante la relación cuerpo/emociones y se hace más evidente cómo los distintos enfoques de terapia afectan en el desarrollo de la personalidad del niño.
Un tema poco popular, pero que podría servirnos mucho. Intentaré compartir más de lo que he aprendido en elúltimo tiempo y mis reflexiones sobre el tema en próximos posts. Por mientras, ¡a seguir botando torres!
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