Han pasado más de 24 horas desde el terremoto y las cosas están lejos de normalizarse. O al menos así lo parece... La verdad es que es difícil no preocuparse, no desesperarse por abastecerse, no comenzar a confundir mareos con una de las ya 100 réplicas que han habido. Sobre todo, es difícil no horrorizarse por la cifra de víctimas fatales que ya suman 700, es difícil no indignarse por la gente que se está aprovechando y saquea el comercio, es difícil aceptar que mientras hacen un esfuerzo comunitario por robar, aun hay gente atrapada en escombros...
Seguimos donde mis padres y la verdad es que no sé cuando volvamos. Hoy fui al departamento a buscar algunas cosas y todo el tiempo que estuve allí tuve el estómago apretado. Sentía que todo se movía, no sabía si por cansancio estaba por desmayarme o si eran réplicas. Luego vi que en la hora que estuve allí, hubo una réplica tras otra (pueden ver las replicas en este link). Me da susto, no puedo evitarlo. Mi marido dijo 'anda, relájate y duerme siesta'. Yo no pude bañarme lo suficientemente rápido para salir lo antes posible.
Hoy ha sido día de 'abastecerse' (sin saqueos...), porque el pánico se difunde rápido. Nos preocupamos especialmente de lo que necesita Rocío: su leche especial, sus pañales, sus semillitas y mucha fruta y verdura. Compramos mucha y congelamos. Pueden reclamarme que soy irracional todo lo que quieran, pero mi necesidad por sentir que mi hija tendrá lo que ella necesita me supera. Su dieta es prácticamente tratamiento médico... Por suerte recién habíamos comprado sus remedios.
Así se vive el día dos. Todavía sin poder comunicarme con las familias del sur. Todavía sin creer todo lo que veo. Los daños son muchos más de los esperados. No queda otra que esperar que pase pronto la 'tormenta' y las cosas comiencen a normalizarse. ¡Vamos, chilenos! ¡Vamos que podemos!
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