
¿Les ha pasado que los miran como locos por lo chochos que están con sus hijos? Las mamás somos las 'chochas', orgullosas de cada logro de nuestros hijos y que perdemos toda objetividad. Como madre especial, quizás esta chochería para muchos tiene más de locura. Tantos profesionales dando pronósticos lapidarios, la sociedad en general asociando discapacidad con 'invalidez' o 'minusvalía' y entremedio nosotros, remando contra la corriente.
Y remamos con fuerza y ganas, porque conocemos a nuestros hijos y sabemos que pueden lograr mucho. ¿Cómo sabremos lo que pueden hacer si no les damos la oportunidad de hacerlo? Remamos fuerte porque muchas veces sentimos que estamos solos en esta convicción, pues son tantos los que te dicen que NO que nuestro bote se siente chiquito.
Pero a veces, solo a veces... Aparece alguien del otro lado que piensa igual que tú. Un profesional que cree en las capacidades de tu hijo y no por empatía, sino que lo cree con la misma convicción que tú. Esa fue nuestra educadora de párvulos, nuestra tía Jesús. Conoce a mi hija desde hace años y siempre ha visto todo su potencial. Ella me dice "yo sé que Rocío puede" y algo tan simple puede significar tanto.
Este año nos planteamos una meta: que Rocío aprendiera a escribir porque era necesario para ingresar al colegio. Cualquier otro profesional me habría intentado explicar que eso le generaría frustraciones a mi hija, pues su desarrollo motor no le permite escribir y quizás cuántas excusas más, cuantos prejuicios. Pero con nuestra tía no le ponemos techo a Rocío y comenzamos a trabajar lectoescritura inmediatamente. Sin mucha planificación, solo olvidándonos de las herramientas que no tenemos y adaptándonos a las que sí.
Y lo hizo. Mi hija aprendió a escribir y mucho antes de lo que podríamos haber soñado. Por unas semanas, me tocó ver a la tía Jesús como posiblemente muchos me ven a mí: con esa convicción incomprendida de que Rocío puede y con esas ganas de demostrárselos a todos con un gran: Viste??? Lo mejor fue que también vivimos la alegría de poder demostrar que ella podía, justo nos resultó una entrevista en un colegio y estoy segura de que si logra entrar será en gran medida gracias a este logro.
Nunca había entendido tan bien como ahora lo importante del rol que tienen las educadoras, que de verdad pueden hacer toda la diferencia. Hoy siento un agradecimiento infinito por la tía Jesús, que le dio a mi hija una herramienta fundamental para la vida y, más aún, confió en sus habilidades y le permitió aprender.
Trabajo en equipo, comunicación entre padres y profesionales, pero por sobre todo, conocer a cada niño y confiar en sus habilidades. Sé que es mucho trabajo, porque todos tienen necesidades educativas especiales, no solo los niños con discapacidad. Siempre es más fácil decir 'no se puede' que intentarlo, pero estoy segura que logros como estos hacen que valga la pena cualquier esfuerzo. A seguir remando, que este bote puede llegar muy lejos.
Y remamos con fuerza y ganas, porque conocemos a nuestros hijos y sabemos que pueden lograr mucho. ¿Cómo sabremos lo que pueden hacer si no les damos la oportunidad de hacerlo? Remamos fuerte porque muchas veces sentimos que estamos solos en esta convicción, pues son tantos los que te dicen que NO que nuestro bote se siente chiquito.
Pero a veces, solo a veces... Aparece alguien del otro lado que piensa igual que tú. Un profesional que cree en las capacidades de tu hijo y no por empatía, sino que lo cree con la misma convicción que tú. Esa fue nuestra educadora de párvulos, nuestra tía Jesús. Conoce a mi hija desde hace años y siempre ha visto todo su potencial. Ella me dice "yo sé que Rocío puede" y algo tan simple puede significar tanto.
Este año nos planteamos una meta: que Rocío aprendiera a escribir porque era necesario para ingresar al colegio. Cualquier otro profesional me habría intentado explicar que eso le generaría frustraciones a mi hija, pues su desarrollo motor no le permite escribir y quizás cuántas excusas más, cuantos prejuicios. Pero con nuestra tía no le ponemos techo a Rocío y comenzamos a trabajar lectoescritura inmediatamente. Sin mucha planificación, solo olvidándonos de las herramientas que no tenemos y adaptándonos a las que sí.
Y lo hizo. Mi hija aprendió a escribir y mucho antes de lo que podríamos haber soñado. Por unas semanas, me tocó ver a la tía Jesús como posiblemente muchos me ven a mí: con esa convicción incomprendida de que Rocío puede y con esas ganas de demostrárselos a todos con un gran: Viste??? Lo mejor fue que también vivimos la alegría de poder demostrar que ella podía, justo nos resultó una entrevista en un colegio y estoy segura de que si logra entrar será en gran medida gracias a este logro.
Nunca había entendido tan bien como ahora lo importante del rol que tienen las educadoras, que de verdad pueden hacer toda la diferencia. Hoy siento un agradecimiento infinito por la tía Jesús, que le dio a mi hija una herramienta fundamental para la vida y, más aún, confió en sus habilidades y le permitió aprender.
Trabajo en equipo, comunicación entre padres y profesionales, pero por sobre todo, conocer a cada niño y confiar en sus habilidades. Sé que es mucho trabajo, porque todos tienen necesidades educativas especiales, no solo los niños con discapacidad. Siempre es más fácil decir 'no se puede' que intentarlo, pero estoy segura que logros como estos hacen que valga la pena cualquier esfuerzo. A seguir remando, que este bote puede llegar muy lejos.
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