Domingo 09 de mayo: Invocación a Murphy. Durante el entrenamiento de ABR, hablamos con la familia de Naranjito sobre los dientes que se le habían caído a él hace ya bastante tiempo, pero que aun muestra con su característica alegría la ventanita que tiene. Preguntaron por Rocío y contesté que aun no se le caía ni soltaba ningún diente. ¡Qué alivio!, pensé.
Lunes 10 de mayo: Descubrimiento del primer diente suelto. Durante la cena me percato de que sus dientes de abajo se veian chuecos. Me acerco y descubro que su incisivo central inferior izquierdo estaba suelto y fuera de su lugar. ¡Qué nervios sentí! Además pensé que se caería esa misma noche, en la que por supuesto (pues ya habíamos invocado a Murphy) mi marido estaba de viaje. Llamé a mi madre para preguntarle cuánto tiempo tardaban en caerse los dientes, no se acordaba mucho pero me dijo que al menos una semana.
Martes 11 de mayo: volvimos a ver a la familia de Naranjito con la cola entre las piernas. Confirmaron que podía tardarse una semana en caerse.
Durante esa semana: expectación. Lavamos con cuidado el diente y estuve muy atenta a su proceso, pues no quería que se cayera sin darnos cuenta y que se lo tragara Rocío. Todo mi pesimismo y susto afloró repentinamente. Todos los días apenas Rocío se despertaba, me cercioraba de que el diente estuviera y frecuentemente durante el día, revisaba cómo estaba.
Semanas 2 y 3: la espera continúa. El diente parecía estar igual que al principio, prácticamente no se soltaba más. Ya no estábamos tan atentos como antes, pero seguíamos revisando todas las mañanas si aún estaba ahí.Jueves 27 de mayo: resfrío intensivo. Rocío estaba algo inquieta desde el martes, pero una maña apenas perceptible, de apetito estaba increíble y, más aún, ¡había dormido todas las noches desde el domingo! Hasta tenía sueño. El jueves 27 transcurría sin novedades hasta que después de la cena, Rocío estornudó y un resfrío se hizo evidente (no me hagan describirlo, usen su imaginación). Volvió a estornudar, ok, resfrío común. En menos de dos horas Rocío tenía fiebre, muchísimos mocos y no pudo dormir más de 10 minutos en toda la noche.
Viernes 28 de mayo de 2010: el día (18 días más tarde). El día comenzó con vómitos y la fiebre continuaba, pero a lo largo del día Rocío comenzaba a mejorar. Al medio día me fijé en ese dientecito y OH OH, estaba mucho más suelto de lo que esperaba. Intenté removerlo pero no pude. Mi marido vino a la hora de almuerzo (raro evento) e intentó también, pero concluyó que aún estaba muy firme, pues cuando uno tiraba se notaba que le dolía. En la tarde el diente ya no solo estaba más suelto, sino que se veía con ganas de lanzarse: le sacaba media cabeza a los otros dientes y se ubicaba en cualquier parte. Lo volví a intentar sin éxito y, en consenso con mi madre, decidimos no hacer nada, pues con gripe no era la mejor siuación.

Poco duramos en esa posición. Rocío comenzó a incomodarse, comenzó a hacer muecas y mover la lengua, a veces hasta parecía que se la pinchaba sin querer cuando el diente apuntaba hacia atrás. Estaba muy inquieta, curioseando y jugando con ese diente que se movía, pero se le notaba incómoda. El pensamiento volvió a ser mutuo: hasta aquí no más llegamos. Dejamos que jugara un rato con su diente para que ella misma lo soltara un poco más. Hasta que ya nos daba mucha 'cosa' mirar ese diente volando en cualquier parte.
Pañal de tela, dedos, un poquito de fuerza (y valor). Rápidamente salió el dientecido, en lo que fue posiblemente el décimo intento del día. Rocío no lloró ni gritó. Sangró un poco más de lo que yo habría querido, aplicamos presión con el mismo pañal un tiempo y listo. Comenzamos a hacerle un poco de fiesta y a tomar las fotos de rigor de nuestra enana con su primer diente caído. Fueron tan pronto que salieron un poco gore por la sangre, pero ahí están, con cara de resfrío y todo. Hasta el momento, no la he visto incómoda con su ventanita, solo la he pillado con los dedos en la boca una vez y come con bastante normalidad, limitada por el resfrío.
Sábado 29 de mayo: El día del Ratón Pérez. Tras una noche de mucho mejor dormir, Rocío despertó mejor de salud y con el regalito correspondiente por la caída de su primer diente. La apertura del regalo fue gran parte del regaloneo matutino de todos los sábados: papá disfrutaba explicándole la tradición del ratón, ella disfrutaba el envoltorio y su regalo (la muñeca con discapacidad de la que hablamos en este blog hace un tiempo) y yo disfrutaba mirándola usar sus brazos con tantas ganas y contenta porque le gustó la muñeca. Una de las pocas veces que jugó tanto con el regalo como con el envoltorio.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado. Pero lo volveremos a leer pronto porque el otro diente de abajo ya se ha soltado.





